domingo, 8 de marzo de 2009

Huellas

Ella iba por la calle de la soledad con la mirada perdida y sus ojos tristes, sin esperanza, confundiéndose con el árido asfalto. El calor inundaba todo, miraba al sol como buscando algo que la hiciera sentir viva. Mientras caminaba los aromas a café, a chocolate y muchos más, se confundían en su mente, por el incesante ruido de la ciudad que ensordecía todos sus sentidos.
Veía rostros vacíos, sin vida, indolentes fríos, amargos, reflejo de la insatisfacción de sus vidas.
Pero al ir caminando sus ojos se fueron llenando de lágrimas. De pronto sin darse cuenta se le acerco un hombre de porte alto, ojos misteriosos, de manos dulces y firmes, con una mirada serena, que le ofreció un pañuelo, él le seco las lágrimas que rodaban copiosamente por sus ya rojas mejillas. Ella bajó la mirada, le dio las gracias y siguió su camino. Él le preguntó como se llamaba, María soñadora contestó-, yo soy Manuel el aventurero, se presentó con un amplia sonrisa en su rostro- él ofreció su brazo y se fueron por las calles que ella había recorrido muchas veces, esas calles frías y sin vida que ahora tenían un olor y un color distinto, eran color carmín. A su encuentro salieron árboles, pájaros, mariposas. Ella jamás imagino que todo ese paisaje se pudiera transformar con sólo una mirada.Al día siguiente, después de un largo día de trabajo, ella camino por las mismas calles buscando esos ojos que la hipnotizaron. Busco por calles y pasajes, en cafés y bares. No los encontró.Pasaron días, noches, semanas, años, de seguir el mismo camino, sentir los mismos olores, ver las mismas caras, ya nada era lo mismo. Pero aún sentía esa mirada, ese calor que un día conoció. Se acercaba el invierno del año más frío que ella recordara, cuando se enteró por una carta de su vieja y querida amiga Magdalena, que su abuela se encontraba grave en el hospital, se había caído de un autobús, fue a verla y entrando a la habitación ve a su amiga muy acongojada, con los ojos llenos de lágrimas, ya no había nada más que hacer, ella trato de no llorar, de ser fuerte, para que su abuela no notara sus ojos enrojecidos. Estuvo ahí dos, tres, cinco días, hasta que ella falleció, la beso en la frente y se fue.En el camino se acordó de los gratos momentos que paso junto a ella, los consejos, los abrazos, las caricias y pidió a Dios que le ayudara y que no la dejara sola, volvió a llorar.Mientras caminaba con la tristeza a flor de piel sintió que alguien se acerca, le toman la mano, le besan la frente, mira… y reconoce esos misteriosos ojos, él le dice -hola a donde vas?, ella respondió- No sé , solo sé que me quiero morir, ya no hay nada más aquí para mi, él le tapo la boca con el dedo y le dijo- si, ahora estoy yo aquí. La tomó por el hombro, la besó apasionadamente, y de la mano caminaron por el parque hasta que anocheció.
Ella dijo- te busqué y no te encontré, y él respondió-- no podías encontrarme por que no veías nada más que tu soledad, pase una y mil veces por tu lado, pero tu terquedad y tu compasión fueron más que tu amor, te llame no me oíste. Ella levanto la cabeza, lo beso, lo abrazo, caminaron, se miraron tomados de la mano como si nadie mas existiera a su alrededor y fueron en busca de la felicidad.

4 comentarios:

Alej@ndro dijo...

sin duda cuando el alma se expresa ... deja huellas que pocos interpretamos ... profundas letras ... me agradó tu blog

Piel_Canela41 dijo...

gracias alejandro, por tu comentario, es agradable saber que alguien se da el tiempo de leerme
nuevamente gracias

Daniela dijo...

Yo me dí el tiempo de leerlo todo. Que pasajes tan románticos... son de otra galaxia... y algunos de tus textos son como anillo al dedo, para una persona que estoy ansiosa y que conoceré en dos días más.

Piel_Canela42 dijo...

Esa es la idea.. que se identifiquen con ella. Son cosas que salen del alma. Sentimientos para un hombre que conocí hace un tiempo atrás.Sueños que nunca se hicieron realidad.